Hace apenas unos meses, en Mendoza casi nadie sabía qué era el disc golf. Hoy, cada semana aparecen nuevas personas lanzando discos en el Parque General San Martín, turistas extranjeros buscan rondas a través de redes sociales y ya existen proyectos para instalar canastas permanentes, crear campos privados y desarrollar espacios educativos para nuevos jugadores.

Detrás de todo eso está Nicolás Robinson (#316235), fundador de Disc Golf Mendoza, carpintero, diseñador, amante del rock y uno de los impulsores más apasionados del crecimiento del deporte en Argentina.
Su historia no empezó en un campo profesional ni viendo torneos internacionales. Empezó en un living, frente a una Xbox.
“En invierno nos juntábamos con mi grupo de amigos en casa de Matías, mi primo, y hacíamos torneitos de disc golf mientras el fuego cocinaba el almuerzo”, recuerda Nicolás. “Fue tanto lo que me gustaba jugar, aunque mal, que decidí hacer ese juego real y tenerlo en casa”.
La idea parecía simple: construir una canasta y empezar a lanzar frisbees comunes. Pero rápidamente descubrió que el deporte era mucho más complejo de lo que imaginaba.
“No fue linda experiencia porque los discos no volaban bien”, cuenta entre risas. “En pandemia pude estudiar un poco de qué se trataba este juego y me di cuenta de que había todo un deporte detrás. Había jugadores de todos los niveles y también era un juego para compartir en familia. Ahí mi idea del disc golf cambió”.
Una canasta hecha con vino mendocino
La primera canasta de Nicolás nació literalmente de Mendoza. Como carpintero dedicado a fabricar muebles de diseño con barriles de vino reciclados, utilizó los zunchos metálicos de una barrica para crear su propia canasta y poder practicar.
“Las medidas eran bastante similares a las de una canasta real, pero de eso me di cuenta después porque ni sabía que este deporte existía de verdad”, explica. Esa canasta artesanal sigue existiendo hasta hoy y tiene nombre propio: “La Reina Mendocina”.

La conexión entre Mendoza y el disc golf parece natural en la manera en que Nicolás describe su provincia. Habla de acequias, montañas, parques, turismo y calidad de vida con el mismo entusiasmo con el que habla de un buen lanzamiento.
“Mendoza es un oasis creado por el hombre”, dice. “Nuestros antepasados sabían cómo trasladar el agua desde la montaña y distribuirla por toda la provincia. Es una ciudad tranquila, turística, saludable y muy conectada con las actividades al aire libre”. Ese entorno fue clave para imaginar que el disc golf podía tener lugar allí.
Sin entrenadores ni jugadores locales experimentados, Nicolás empezó prácticamente desde cero. Su formación llegó principalmente a través de videos de YouTube y observando a otros jugadores en internet.
“Me hice un plan de trabajo paso por paso”, cuenta. “Empecé yendo solo al Parque General San Martín a lanzar discos. Cada persona que miraba se acercaba y la invitaba a jugar”.
Así nació Disc Golf Mendoza.
Con cinco discos en la mochila y mucha paciencia, Nicolás desarrolló una especie de rutina para atraer nuevos jugadores. Colocaba la canasta en lugares visibles, esperaba que alguien se acercara curioso y ofrecía hacer algunos lanzamientos.
“Mi técnica es tener cinco discos”, explica. “Mientras esas personas lanzan, me da tiempo para contarles de qué se trata el deporte, cómo se juega y corregir un poco el tercer lanzamiento. Cuando llegamos al quinto disco, ya estamos juntándolos para volver a lanzar”.
La respuesta, asegura, casi siempre es positiva.
“La gente encuentra que el disc golf es saludable, al aire libre y familiar. Son las tres cosas que más me remarcan”.
En apenas seis meses, la comunidad mendocina pasó de no existir a reunir alrededor de veinte jugadores activos y muchísimas más personas que probaron el deporte alguna vez. Además, comenzaron a recibir visitantes internacionales que descubren la comunidad por redes sociales.
“Ya pasaron familias de Suiza, Estados Unidos, Rusia, Chile y Uruguay”, cuenta. “Y todavía no tenemos mucho para ofrecer más que compartir experiencias”.
El impacto del Abierto Rioplatense
Uno de los momentos más importantes para Nicolás fue participar en el 3er Abierto Rioplatense en Córdoba. Allí no solo pudo jugar el primer torneo sancionado por la PDGA en Argentina, sino también conectarse con otras comunidades sudamericanas.
“El Abierto Rioplatense fue un punto clave para sentirme apoyado”, explica. “Conocí personas increíbles y una comunidad muy sana. No hay malas vibras, ni envidia, ni luchas de ego como en otros deportes”.
Ese sentimiento de comunidad aparece constantemente en su manera de hablar del disc golf.
“Siempre se aprende algo”, dice. “Es un deporte para crear vínculos, respirar aire fresco y compartir experiencias”.

Cuando empezó a planificar el desarrollo del deporte en Mendoza, Nicolás imaginaba que el proceso iba a llevar al menos cinco años. Pero la realidad fue muy distinta.
“Todo explotó cuando empezamos con las redes sociales”, cuenta. “Contacté con Luciano de Benito Juarez, con Halvor desde Noruega, con Agus que vive afuera y con muchas personas que empezaron a ayudar, compartir información y aportar materiales”.
Hoy la comunidad reúne perfiles muy diferentes: chicos, adultos mayores, jugadores recreativos y personas con ambiciones competitivas.
“Tenemos jugadores que quieren enseñar, otros que quieren llegar a ser profesionales y muchos que juegan por salud física y mental”, explica. “Eso hace que la comunidad sea hermosa porque todos tenemos objetivos distintos y nos respetamos igual”.
Lo que se viene
Uno de los desarrollos más importantes actualmente es la creación de un campo dentro del complejo de pádel Coquimbito.

La idea surgió cuando los dueños del predio conocieron el deporte y vieron el potencial de un espacio lleno de olivos que anteriormente funcionaba como finca.
Nicolás diseñó allí un campo orientado principalmente a la enseñanza, con tees, señalización y distintos tipos de hoyos pensados para aprender todos los lanzamientos básicos.
“No es un campo profesional”, aclara. “Es un campo para educar y formar a futuros jugadores. La experiencia que me hubiera gustado tener cuando empecé”.
Pero los objetivos van mucho más allá.
Disc Golf Mendoza ya presentó proyectos al gobierno provincial y a Parques de Mendoza para instalar canastas permanentes. También trabajan en la fabricación de canastas para generar ingresos y desarrollar un futuro campo de nueve hoyos.
Y además existe un sueño todavía más grande.
“Hay otro proyecto para hacer un campo de 18 hoyos privado pero con acceso para todos”, adelanta. “Puede llegar a ser un campo de nivel profesional mundial por el lugar donde estaría instalado”.
Mendoza como destino internacional de disc golf
Cuando Nicolás habla del futuro, piensa en grande.
“Apunto a que Mendoza sea una sede mundial de disc golf”, dice sin dudar.
Puede sonar ambicioso para una comunidad tan joven, pero él cree que la provincia tiene condiciones únicas: turismo internacional, paisajes de montaña, bodegas, parques y actividad durante todo el año.
“Mendoza ya es turística por sí sola”, explica. “Imagino que con un campo de 18 hoyos puede convertirse en un gran destino para discgolfistas de todo el mundo”.
Al final de la charla, Nicolás vuelve a la idea que más repite durante toda la entrevista: el impacto humano del disc golf.
“Desde que empecé, mi vida cambió”, asegura. “Cambió mi entorno, mi estado físico y me unió más con mi familia. Nunca tuve una mala noticia relacionada con el disc golf. Solo me rodeé de gente positiva”.

Por eso, el mensaje que deja para quienes quieren iniciar nuevas comunidades en otras ciudades argentinas es simple:
“Que se animen. Es difícil empezar de cero y siempre aparecen dudas sobre si va a funcionar o no. Pero más allá de eso, todos se llevan un beneficio. El disc golf es salud, inclusión y comunidad”.
Y quizás esa sea justamente la clave de lo que está pasando en Mendoza. Más allá de canastas, torneos o futuros campos profesionales, el crecimiento del deporte parece estar construyéndose alrededor de algo mucho más simple: personas compartiendo tiempo al aire libre, lanzando discos y formando vínculos.